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teresa díaz guzmán

«Los besos en el pan» que nunca debimos dejar de dar

Almudena Grandes presenta Los besos en el pan, su última novela, que se ha colado delante del cuarto volumen de los Episodios de una Guerra Interminable pero es «coherente» con ellos y mantiene su espíritu porque «la memoria tiene que ver con el presente y, sobre todo, tiene que ver con el futuro». Vivimos la postguerra de un conflicto provocado por las financieras en el que hemos perdido nuestros derechos civiles. Aunque incruenta, ha sido «una guerra especialmente cruel porque los gobernantes se han aliado con los enemigos contra los ciudadanos».

La autora nos cuenta este presente continuo que estamos viviendo, por lo que el trabajo era obligatoriamente rápido «porque corría el riesgo de que cuando el libro se publicara este país hubiera cambiado». Como autora, siempre «aspiro a que mis lectores se emocionen» y, además, en este libro a «que se reconozcan»: como lectores que vivimos la época de la novela seremos nosotros quienes juzguemos si nos sentimos «reconocidos en el libro o no».

Reconoce que este proceso de escritura «ha sido una experiencia rara y arriesgada pero merecía la pena el riesgo que corría». Además, la historia tenía que contarse en presente de indicativo, que es algo que esta autora no había hecho hasta el momento: «Escribir en presente es como boxear con el lector, mucho más directo».

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Múltiples protagonistas

Aunque la historia ocurre en un barrio de Madrid, el lugar de la historia puede ser cualquier barrio del centro de cualquier ciudad de cualquier país europeo, donde viven muchas clases sociales juntas. «Elegí una familia y luego necesitaba dos espacios transversales» que aglutinaran la vida del barrio: una peluquería y un bar, donde se reúnen tanto los ricos como los pobres.

Una de las características de esta crisis es que ha afectado a gente que en otras crisis se ha salvado: «las clases medias urbanas universitarias han padecido el mismo empobrecimiento» que el resto y «me interesaba contar la crisis de esa gente», no sólo de los que ya eran pobres. Es en tiempos de crisis cuando se tiene la necesidad de contar una sociedad, por eso las grandes novelas corales han sido escritas en tiempos de crisis.

Almudena Grandes ha escrito una novela «de multitudes, de mareas… de los ciudadanos de a pie que cobran voz gracias a la literatura», según palabras de Carlos Marzal –quien presentó el libro en la librería Ramón Llull de Valencia–, porque «los novelistas están obligados» a comprometerse con la realidad porque «lo que importa es contarnos» la vida, lo que nos importa. Puntualiza la autora madrileña que el ejercicio de escribir ya implica un compromiso porque «escribir siempre es tomar partido sobre la realidad», hacer una lectura ideológica de la misma.

Presentación de «Los besos en el pan» en Valencia

©Tusquets

Resistencia

La lectura de Los besos en el pan nos ayuda a resistir, es «una epopeya de lo cotidiano», insiste Marzal. Y tiene razón, aunque Grandes considere que este «libro es pesimista», porque los personajes son «resistentes», tratan de resistir, mantener la calma y mantener el estilo de vida que llevaban –si antes salían a tomar el aperitivo, siguen saliendo aunque ahora tomen la cerveza sin tapa– por «no darles el gusto de quedarse en casa llorando».

«Soy congénitamente optimista porque he nacido así», se resta mérito la autora, y «me interesan los protagonistas que se levantan», que siguen adelante con su vida y no se detienen. El pan es la metáfora del alimento, símbolo de todos los alimentos del mundo, pero también «es la metáfora de la vida». En un año de crisis, pasan muchas cosas: la gente se enamora, se desenamora, aprueba, suspende, tiene un hijo…

En los últimos 25 años nos han contado que éramos ricos y nos lo hemos creído. Sin embargo, en realidad, «somos más pobres que nuestros abuelos porque nos falta una fortaleza que ellos tenían: mantener la alegría de vivir en medio de esta tristeza», hemos perdido la cultura de la pobreza.

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Pobres y dignos

Los españoles siempre hemos sido pobres, desde siempre, «la tristeza se heredaba de padres a hijos pero se heredaba una tristeza con dignidad». La pobreza, hasta ahora, «no era triste ni indigna ni culpable», era simplemente «una condición de la vida cotidiana» que no excluía la alegría, la ilusión. Los abuelos ahora no sólo ayudan con su pensión «sino que arman moralmente a sus nietos para soportar esta debacle que se nos ha venido encima».

Esa cultura de la pobreza de la que habla tiene también una parte que es la solidaridad. Las redes familiares han contenido a los que caían. La solidaridad ahora no se trata de alguien rico y con tiempo libre que dedica a otros, ni tampoco son los sindicatos –que han caído en el descrédito interesado– y «las viejas trincheras de la izquierda ya no sirven». La solidaridad ahora es distinta, «más individual y más puntual», excepto un grupo de indomables que ocupan casas, por lo que en la actualidad «es mucho menos peligrosa para los poderes públicos y menos eficiente».

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La culpa

«Creo que la culpa es lo peor» porque es el «principal motivo de la mansedumbre», de no luchar contra los verdaderos culpables. La individualización nos roba la visión de conjunto, la verdadera dimensión de lo que ha ocurrido.

«Lo que más rabia me da de esta situación es lo de la culpa» porque una mujer que se levantaba cada día ajetreada con su familia, luego al trabajo, sin parar, se queda en el paro y, encima, se siente culpable. Pero la gente no ha fabricado la burbuja, «no sabemos quiénes son los malos, qué cara tienen» pero no somos nosotros. Aun así, desde el comienzo de la crisis, se trató de transmitir la idea de que somos culpables, «igual que ocurre con la enfermedad».

Han querido hacernos sentir que tenemos la culpa de todo, de quedarnos en el paro, por ejemplo, «por no ser flexibles, competitivos…» cuando eso sólo significa aceptar peores condiciones. Es imprescindible, entonces, «esquivar la culpa porque la culpa nos hace muy vulnerables» y la realidad es mucho más «complicada de lo que cuentan las cifras». Por eso es imprescindible esta novela.

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