luna llena

luna llena

Pablo hace fotos como el que va a pescar: prepara la cámara, marca el tiempo y la obturación y la fija en el trípode. Pasea primero un poco junto al equipo, vuelve a mirar al cielo y finalmente se sienta en el taburete plegable. Paciente, espera que la luz de la luna se impregne en la película.

tiempo de castañas

Recogía las castañas de las brasas con sus propias manos, de surcos profundos y textura curtida. Las pelaba casi inmediatamente. A mis ojos de cinco a seis años, aquello parecía magia y mi abuelo, un señor duro. Hoy diría tosco pero entonces aún no conocía esa palabra.

Sus modos bruscos me asustaban pero cuando me daba una castaña, pelada con sus dedos fuertes y mascullaba ten cuidado que quema, en ese momento, no sentía miedo.

castañas

mi marido está enamorado

mi marido está enamorado

Han pasado casi dieciocho años desde que nos casamos –veintidós desde que empezamos a salir–y, fuera de toda duda, mi marido sigue enamorado… ¡Resulta tan tierno!

Después de tanto tiempo, lógico, sé cuándo tiene un buen día, cuándo se levanta girado solo con el ‘buenos días’ que dice o deja de decir, dónde esconde el paquete de tabaco para seguir convencido de que no fuma. Yo lo sé y sé cuándo miente: ¡se pone tan gracioso! Se sonroja de un modo distinto al de las situaciones que le producen vergüenza y ríe a saltitos, sin poder controlarlo, como si sufriera hipo pero con risas.

Desde hace unos meses sale a correr cada día o cada dos como mucho y ha empezado a cuidar lo que come. Al principio no quería hacer dieta y se puso sólo por hacerme un favor porque, entre dos, parece que cuesta menos y no me da envidia por comer lo que yo no puedo. Se desvive por mí, más que nunca, y le ha ido bien el régimen. Se le nota más delgado, aunque yo siempre le veo guapo, la verdad.

Ahora, es cierto que me gusta ver cómo se cuida… hasta se ha comprado por su cuenta alguna camisa nueva y bien bonitas, oye. Ya no se pone lo primero que pilla: con qué cuidado escoge la ropa cuando se viste, incluso me pregunta antes de ir al trabajo si va bien. Y me anima a hacer lo mismo, a arreglarme cuando salgo, cada vez más sin él porque el pobre siempre tiene mucho trabajo.

En realidad, está preparando una fiesta por nuestro aniversario. En unas semanas seremos un matrimonio mayor de edad, ¡qué cosas! Lleva meses preparándolo, todo el día en el ordenador y venga los mensajitos con unos y con otros… ¡Ha mareado a todo el mundo! Él cree que no se nota nada y yo me hago la loca: ¡no le voy a quitar la ilusión con el cuidado que pone en que yo no me entere!

De una temporada a esta parte no suelta el móvil en ningún momento, incluso cuando va a ducharse lo lleva con él. Yo creo que el día que se le ocurra algo para evitar que se moje, lo meterá dentro de la ducha. ¡Si me preguntara a mí! Le diría que cogiera una percha con una bolsa de plástico de las de congelar, por ejemplo, así puede tenerlo en el lado interno de la mampara sin peligro de que le caiga agua.

Sé lo del aniversario porque hace meses –antes de la dieta, de hecho por eso la empecé, que algo coqueta sí soy– vi un cd en el ordenador. Tenía un montón de canciones romanticonas, de esas que últimamente siempre está tarareando y que escuchábamos juntos al principio, y alguna más moderna también. El título que le había puesto al cd era Mi amor. ¿Se puede ser más dulce?

Claro, al no saber nada, le pregunté y él intentó cambiar de tema. Como insistí, al final confesó que estaba preparando una sorpresa para nuestro aniversario. Yo pedía detalles, ¡ay, qué ilusión!, pero no quiso desvelar la sorpresa que ya bastante le había estropeado. Me sentí fatal… ¿qué iba a saber yo que preparaba nuestras bodas de aguamarina con tanto tiempo?

«Será una cena para nosotros, no te voy a contar más». Mentía, claro, porque no preparaba nada para nosotros dos pero de eso me he enterado después. ¡Qué idiota! Pasé por alto los saltitos risueños en su voz y el rojo encendido de sus mejillas, y ni siquiera se me ocurrió que esas canciones no fueran para mí. Eso sí, acerté plenamente en que mi marido estaba enamorado.

el músic


Els ulls tancats, el cap enrere,
les mans a la guitarra,
al màstil una i l’altra,
trencant el silenci
en el buit que mostra
el camí a la música.

Les mans suaus, fines,
els dits forts, llargs,
amunt i avall en el màstil.
Les venes tenses sota la pell,
un altre camí a la passió.

Les celles pujen i baixen,
el gest es força, intens,
els ulls tancats.
El peu marca el ritme
i una veu profunda escapa
sota el seu llavi mínim.

el músic Borja Penalba
©Gemma Boada | Borja Penalba toca la guitarra.

la estatua humana

la estatua humana cuentos teresadiaz

Una muñeca gigante, vestida toda de blanco, incluso el sombrero de tela que tiene en la cabeza. La peluca con grandes bucles rubios apenas se mueve. En su cara, también empolvada, destacan dos círculos rojos, grandes, casi pegados al hueso del pómulo. Sentada en una plaza céntrica, es ignorada por la mayor parte de la gente después de ponerle la vista encima, un escaneo rápido de arriba abajo, sólo unos segundos. Nadie se sorprende, nadie mira a su alrededor.

Una mujer de unos sesenta años la observa desde lejos. Según se acerca va preparando unas monedas que ha sacado del monedero y las deposita en el cestillo blanco que la enorme muñeca tiene a sus pies. La señora sonríe a la estatua humana cuando esta sopla un silbato de trinos en agradecimiento.

Justo en ese momento, al cruzar la acera, se encuentra su mirada con la mía y me siento afortunada de presenciar esa chispa de magia: se le abren los ojos, sonríe y esa señora, que rondará la edad de mi madre, vuelve a ser una niña por un rato. Hoy llegará más contenta al trabajo, saludará con una sonrisa al portero y comprará una flor en el mercado antes de volver a casa.

buenos días, amor

 buenos días
Besos cortitos de peca en peca, piel y mente relajadas, remolinos de vello en tu pecho, caricias de pies,  quedarme a vivir en tu palma.

Rodar hasta tu lado, hacerme hueco en tus brazos.

Besos en el cuello, manos que se entrelazan, piernas que atrapan, movimiento cadencioso de caderas, caricias que se multiplican, lenguas que no paran.

Cerrar los ojos, dormir un par de horas más, abrazados. Despertar y que sigas aquí.

–Buenos días, amor.

recortes de prensa

Aquí estás otra vez. Tu foto y tu nombre en letras de molde sobre el papel prensa que llora cada mañana tinta negra sobre la mesa. Me limpio los dedos, emborronando un folio, y queda algo parecido a una cruz. Confío en enterrarte un día. También el montón de papeles con tu nombre que guardo en una carpeta roja, siempre presente sobre la mesa de mi escritorio. No me ayuda guardar cada cosa que escribes, lo sé. No debería hacerlo. Llegará el día en que los tire todos, sin releer, sin mirar para no arrepentirme. Llegará el día, lo sé. Mientras, hoy recorto la página del diario y la añado a los recortes que guardo en la carpeta de tapas rojas.

haiku #1

 

Libros, palabras,

un mundo en las manos,

papel y tinta.

 

Un sueño, una idea, un desengaño, un deseo.

 

El compañero que ríe conmigo

camina hasta el nacimiento del río:

el comienzo de otra historia.

 

El amor, un gran sentimiento.

 

Una niña meciéndose

en la copa del árbol más alto:

un corazón con patas.