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teresa díaz guzmán

castañas

tiempo de castañas

Recogía las castañas de las brasas con sus propias manos, de surcos profundos y textura curtida. Las pelaba casi inmediatamente. A mis ojos de cinco a seis años, aquello parecía magia y mi abuelo, un señor duro. Hoy diría tosco pero entonces aún no conocía esa palabra.

Sus modos bruscos me asustaban pero cuando me daba una castaña, pelada con sus dedos fuertes y mascullaba ten cuidado que quema, en ese momento, no sentía miedo.

castañas

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