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teresa díaz guzmán

marido enamorado

mi marido está enamorado

Han pasado casi dieciocho años desde que nos casamos –veintidós desde que empezamos a salir–y, fuera de toda duda, mi marido sigue enamorado… ¡Resulta tan tierno!

Después de tanto tiempo, lógico, sé cuándo tiene un buen día, cuándo se levanta girado solo con el ‘buenos días’ que dice o deja de decir, dónde esconde el paquete de tabaco para seguir convencido de que no fuma. Yo lo sé y sé cuándo miente: ¡se pone tan gracioso! Se sonroja de un modo distinto al de las situaciones que le producen vergüenza y ríe a saltitos, sin poder controlarlo, como si sufriera hipo pero con risas.

Desde hace unos meses sale a correr cada día o cada dos como mucho y ha empezado a cuidar lo que come. Al principio no quería hacer dieta y se puso sólo por hacerme un favor porque, entre dos, parece que cuesta menos y no me da envidia por comer lo que yo no puedo. Se desvive por mí, más que nunca, y le ha ido bien el régimen. Se le nota más delgado, aunque yo siempre le veo guapo, la verdad.

Ahora, es cierto que me gusta ver cómo se cuida… hasta se ha comprado por su cuenta alguna camisa nueva y bien bonitas, oye. Ya no se pone lo primero que pilla: con qué cuidado escoge la ropa cuando se viste, incluso me pregunta antes de ir al trabajo si va bien. Y me anima a hacer lo mismo, a arreglarme cuando salgo, cada vez más sin él porque el pobre siempre tiene mucho trabajo.

En realidad, está preparando una fiesta por nuestro aniversario. En unas semanas seremos un matrimonio mayor de edad, ¡qué cosas! Lleva meses preparándolo, todo el día en el ordenador y venga los mensajitos con unos y con otros… ¡Ha mareado a todo el mundo! Él cree que no se nota nada y yo me hago la loca: ¡no le voy a quitar la ilusión con el cuidado que pone en que yo no me entere!

De una temporada a esta parte no suelta el móvil en ningún momento, incluso cuando va a ducharse lo lleva con él. Yo creo que el día que se le ocurra algo para evitar que se moje, lo meterá dentro de la ducha. ¡Si me preguntara a mí! Le diría que cogiera una percha con una bolsa de plástico de las de congelar, por ejemplo, así puede tenerlo en el lado interno de la mampara sin peligro de que le caiga agua.

Sé lo del aniversario porque hace meses –antes de la dieta, de hecho por eso la empecé, que algo coqueta sí soy– vi un cd en el ordenador. Tenía un montón de canciones romanticonas, de esas que últimamente siempre está tarareando y que escuchábamos juntos al principio, y alguna más moderna también. El título que le había puesto al cd era Mi amor. ¿Se puede ser más dulce?

Claro, al no saber nada, le pregunté y él intentó cambiar de tema. Como insistí, al final confesó que estaba preparando una sorpresa para nuestro aniversario. Yo pedía detalles, ¡ay, qué ilusión!, pero no quiso desvelar la sorpresa que ya bastante le había estropeado. Me sentí fatal… ¿qué iba a saber yo que preparaba nuestras bodas de aguamarina con tanto tiempo?

«Será una cena para nosotros, no te voy a contar más». Mentía, claro, porque no preparaba nada para nosotros dos pero de eso me he enterado después. ¡Qué idiota! Pasé por alto los saltitos risueños en su voz y el rojo encendido de sus mejillas, y ni siquiera se me ocurrió que esas canciones no fueran para mí. Eso sí, acerté plenamente en que mi marido estaba enamorado.

Comments (1)

  • David Vantysch

    Transparente y, como dices, directa. No hay mejor presentación que algo escrito por uno mismo. Me gustan los fragmentos de realidad que escoges y cómo los deslizas para que sean coherentes. Y cómo haces cómplice al que te lee. Escribimos diferente, pero quizás miramos con los mismos ojos. Te sigo

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