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teresa díaz guzmán

estatua humana

la estatua humana

la estatua humana cuentos teresadiaz

Una muñeca gigante, vestida toda de blanco, incluso el sombrero de tela que tiene en la cabeza. La peluca con grandes bucles rubios apenas se mueve. En su cara, también empolvada, destacan dos círculos rojos, grandes, casi pegados al hueso del pómulo. Sentada en una plaza céntrica, es ignorada por la mayor parte de la gente después de ponerle la vista encima, un escaneo rápido de arriba abajo, sólo unos segundos. Nadie se sorprende, nadie mira a su alrededor.

Una mujer de unos sesenta años la observa desde lejos. Según se acerca va preparando unas monedas que ha sacado del monedero y las deposita en el cestillo blanco que la enorme muñeca tiene a sus pies. La señora sonríe a la estatua humana cuando esta sopla un silbato de trinos en agradecimiento.

Justo en ese momento, al cruzar la acera, se encuentra su mirada con la mía y me siento afortunada de presenciar esa chispa de magia: se le abren los ojos, sonríe y esa señora, que rondará la edad de mi madre, vuelve a ser una niña por un rato. Hoy llegará más contenta al trabajo, saludará con una sonrisa al portero y comprará una flor en el mercado antes de volver a casa.

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