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teresa díaz guzmán

amigos algo más

el momento en que todo cambia

Pablo y Marina han ido a cenar, como tantas otras veces, después de mucho tiempo sin verse. Sin hora de llegada, han conversado de lo divino y lo humano, se han reído y han protestado, se han metido el uno con el otro, han comentado las noticias y los últimos libros que han leído. Han aparcado a mitad de trayecto entre la casa de ella y el bar, de modo que caminan juntos hasta el coche. El carril bici, marcado en granate sobre la acera, transcurre entre ellos como un río. Cada uno camina por una orilla, cada uno en su frontera. A veces el caudal se reduce y Pablo se acerca y se rozan por un segundo hasta que Marina se retira.

Pablo la lleva a casa y en el coche siguen hablando, riendo, bromeando… como tantas otras veces. A una pregunta indiscreta de él, aceptable por la confianza que han construido a lo largo de los años, ella responde con una salida de tono entre graciosa y provocadora, como tantas otras veces, pero esa noche Pablo no se ríe, no dice nada. Un segundo, dos, tres, cuatro… A ella se le agrian la broma y la risa en la garganta. ¿Qué coño pasa? También calla y el nerviosismo le hormiguea en las manos y en las piernas. Aún no se ha dado cuenta de que la inocencia entre ambos se ha roto, como la del niño que por primera vez descubre figuras desnudas entre los delfines.

–Aquí, a la derecha y ya estamos –da Marina una indicación innecesaria por sabida, solo por romper el silencio que no soporta más. Los últimos metros se le hacen eternos: parece que el coche no avance.– Ya. Gracias por traerme.

Casi parece que Marina quiera tirarse del coche en marcha. Pablo vuelve a sonreír y, antes de despedirse, pone su mano sobre la rodilla de ella.

–¡Qué boba! Te traigo encantado.

Nota el calor del contacto y mira esa mano en su rodilla. ¿Qué coño pasa? Marina sigue sin entender nada y eso que su cabeza va a mil por hora o justo por eso. Pablo le da un beso en la mejilla que cae de su lado y espera a que entre en el patio y se meta en el ascensor, como tantas otras veces, pero hoy se imagina, por primera vez, que sube con ella.

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