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teresa díaz guzmán

amor sant jordi

una bonita pareja

Verles juntos resulta emocionante. Esa forma de mirarse, penetrante a la vez que dulce, como caricias en la distancia,  la cercanía, la sincronización de sus ritmos que les lleva al roce continuo pero no forzado, la forma en que ella le ha tomado la cara entre las manos para besarle en las mejillas… Una pareja bonita, bien bonita.

Él ya cumplió los cincuenta hace tres o cuatro años pero tiene una apariencia más joven. Las canas han ganado la batalla al pelo cortado a cepillo que una vez fuera rubio. Alto, de complexión delgada aunque la barriguita se intuye bajo la camisa oscura, por fuera del vaquero.

Ella es de estatura media y de complexión atlética. El pelo liso, castaño oscuro, melena corta y un flequillo Cleopatra. Gafas de pasta, libreta y bolígrafo siempre a mano. Un vestido de punto, negro en la base pero lleno de color en tiras de bordes deshilachados, lo que le da en conjunto un aspecto informal.

Él parece un hombre serio cuando no se le conoce, muy suyo –que es esa fórmula recurrente para tantas cosas, generalmente malas, que no se quieren decir–. Esa seriedad es una suma de timidez con una coraza de orgullo que marca la primera barrera de protección ante el entorno. Sigue siendo un hombre muy atractivo.

Ella no pasa desapercibida por más que lo pretenda. Sus gestos concentrados revelan un rico mundo interior que intriga, que atrapa. Escucha con plena atención, sonríe a menudo y sus carcajadas que salen desde lo profundo provocan envidia. Derrocha autenticidad.

amor sant jordi

Él la mira reír y su rostro se dulcifica, brillan sus ojos, toda su piel emana vida. Ella le mira a él, natural, cómplice, valiente. El mundo está detenido. No existe nadie más en esta terraza del centro de la ciudad, solo ellos dos en su mundo. Forman una pareja bella, generosa con los demás, alrededor, que nos contagiamos de la intensidad del momento.

Y en la despedida rompen la burbuja brillante y todo parece un poco más triste. Se abrazan largo. Me da tiempo a contar uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete… Cuídate, se dicen uno al otro. Son una bonita pareja que no pudo ser: el miedo, la rutina y la culpa pudieron más que la ilusión. Hay quien dice que se encontraron a destiempo pero no es eso, no. O también, quién sabe.

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