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teresa díaz guzmán

jubilados

el señor ramón

Esta mañana, mientras mamá elegía las peras en la sección de fruta del supermercado, he visto al vecino de arriba, el señor Ramón, en la droguería. Elegía unas cuchillas de afeitar, un paquete pequeño y verde, como las que usaba el abuelo. Las ha metido en su bolsillo derecho en lugar de echarlas en la cesta de la compra. No he ido a saludarlo como hago siempre: me he dado la vuelta. He sentido como cuando mamá me dice que algo es privado, que no está bien escuchar tras las puertas. O como cuando en las pelis alguien mira por el ojo de una cerradura.

El señor Ramón está jubilado y su pensión no le llega para todo el mes. Eso se lo dice a mi madre todas las veces que viene a casa a pagar el recibo de la escalera. Esta mes, más veces porque ha tocado pagar 100 euros de más para arreglar la puerta del ascensor y él lo va pagando poco a poco.

Cuando toca, viene a casa con un montón de monedas pequeñas que suman tres o cuatro euros para que se lo apunte mamá en el recibo. Ella le dice que no se preocupe, que no tenga prisa, que con lo del resto de vecinos se van apañando.
–Gracias, hija. Ya ves, centimito a centimito… que a mí no me gusta no pagar.

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