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teresa díaz guzmán

De ciudad en ciudad y tiro porque me toca

A las 4 de la mañana de un día cualquiera de la semana pasada, estaba en la estación, esperando el tren que me llevaría a Barcelona, y me dio por pensar. Os podéis imaginar que no es el mejor momento para tener ideas alegres… Por suerte, yo me iba sólo por unos días y por decisión propia. Motivos profesionales y, aprovechando que coincidía mi estancia con el fin de semana, también lúdicos. Aun así, me dio por pensar que esperar un tren en una estación de madrugada para empezar una jornada de trabajo en otra ciudad, una vez por semana o por mes, bien podría convertirse en parte de mi rutina. ¿Por qué no? Si hay oportunidades y clientes en una ciudad distinta a la de una, ¿por qué no aprovecharlo?

Tengo varios amigos que trabajan así desde hace años. Uno de ellos trabaja en una empresa que podría ser de construcción -sí, aún queda alguna- y otro, en una multinacional eléctrica. Viajan allí donde hay un proyecto, varios días por semana a lo largo de los meses que dura la ejecución o evaluación. Al terminar, otro proyecto, otra ciudad e, incluso, puede que otro país. Otra amiga es autónoma, así que tiene tantos jefes como clientes y tantas sedes como lugares de residencia tienen estos. Uno de esos jefes le pedía que trasladara su domicilio pero abandonar todos los clientes conseguidos hasta el momento no parecía buena idea… Negociaron y, finalmente, sólo pasa fuera de casa la mitad de la semana.

Daniel Iglesias

Puedes tomar como una putada, por una parte, lo de viajar habitualmente, vivir entre dos sitios, tener que dejar a la pareja y/o amigos, más, supongo, si tienes hijos. Pero intentemos ver el vaso medio lleno: alejarte de casa unos días puede fortalecer tu relación, darte espacio para ti, además de abrir nuevos mercados y nuevas oportunidades de negocio.

Trabajar a distancia
Un paso más allá está el trabajo a distancia. Si mi trabajo es el diseño –gráfico o web–, y la comunicación, no necesito ver a mis clientes personalmente, obviando que Skype o similares pueden cumplir esta función perfectamente. En mi corta trayectoria profesional, ya he trabajado bastantes veces a distancia: hace años, el equipo editor de una revista –concretamente The Observer OECD– estaba reunido en Valencia y nuestro redactor jefe residía y trabajaba en París; nunca le vi, ya que nuestra relación se centraba en reuniones telefónicas ¡en inglés! y correos que iban y volvían.

Esa misma deslocalización la ofrecen las imprentas a través de internet ahora, antes con un mensajero que llevaba un cd o un dvd del punto A al punto B. Ahora mismo, me da igual trabajar con una imprenta en Valencia o en cualquier otro lugar del planeta porque no me desplazo en ningún momento. Mi modo de comunicarme con ellos es a través del correo electrónico y, cuando es necesario por el volumen de los archivos, del FTP. Que si nos conocemos personalmente, miel sobre hojuelas, pero no es necesario.

Dicho todo esto, me resulta sorprendente y arcaico seguir leyendo en ofertas de trabajo «imprescindible residir en…». A mí me basta con que alguien trabaje bien y cumpla los plazos marcados… ¡y que cada uno viva donde quiera!

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