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teresa díaz guzmán

viaje pueblo

billete de vuelta

Inés cogió el autobús rumbo al pueblo, su pueblo. Un viaje de vuelta que cierra el círculo familiar. Su bisabuela se fue a la capital más de cien años atrás. Inés había nacido ya en la ciudad, en un barrio de las afueras. Estudió en el colegio más cercano a su casa, sacó buenas notas y, como premio, pasó cada verano escolar con sus abuelos en ese pueblo. Hasta hace unos días tenía un trabajo, una casa alquilada en un barrio con mucha vida, lleno de tiendas y gente de distintos lugares. El trato con los vecinos le recuerda al pueblo. El día que la despidieron tuvo claro que era el momento de volver a casa, ese lugar familiar donde te recompones, y en la ventanilla pidió un billete sólo de ida. Los seis días que le quedaban los dedicó a recoger sus cosas y despedirse de sus amigos, de los más cercanos. Había tenido bastante con la extrañeza de esos pocos, que trataron de convencerla de que no se fuera, de que no dejara el piso por un impulso o por un sueño ancestral. Que estaba bien que se tomara un respiro, unas vacaciones largas, un tiempo para decidir y que luego volviera a la capital. Pero la decisión estaba tomada, en firme, sin retorno, le explicó una vez más a su amiga Sonia, quien dijo que sí con la cabeza, apretando los dientes y respirando despacio y profundamente. La había recogido en casa a las siete y diez minutos y esperaban las dos, casi sin hablar, cogidas del brazo. A falta de un minuto para la media, el conductor dio el último aviso e Inés cogió el autobús rumbo al pueblo, su pueblo.

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